martes, 21 de julio de 2009

Noche Gris

Noche perdida, esas que no valen nada, donde uno termina sin quererlo. El lugar apestado en humo y hedores de la noche, sea cigarrillo, alcohol o drogas. Los ojos rojizos de la pesadez y del agotamiento que genera sonreír a caras extrañas. Los minutos pasaban haciendo estragos, mi cuerpo y mi rostro se iban contorsionando según las sustancias ingeridas. Ya no era yo, era un autómata que deambulaba de un lugar a otro, con la mirada vacía y un vaso de vino en la mano.
Todo el lugar se movía de una forma lenta, las personas marcaban sus expresiones faciales de forma grosera. Extraños personajes salían de las puertas bebiendo y fumando. Con caras burlonas y miradas socarronas vociferaban entre si sobre temas de escasa importancia.
Dos esbeltas y elegantes mujeres, con una vestimenta que no puedo definir, se sonreían y hacían comentarios sobre un fulano que intentaba mostrarse autentico, independiente y seductor. Este insignificante tipo al ver que las dos estiradas lo observaban con un cierto interés, le provoco una excitación que se plasmo en su rostro. Que deformándose lentamente tomaba la forma de una hiena, babosa y deseosa de revolcarse en su perversión. Cuando el mismo se acerco hacia ellas, estas empezaron a retorcerse y enroscarse una con la otra, como serpientes. Las dos víboras tomaban una posición seductora, pero al mismo tiempo hambrienta y lujuriosa. Ambas damas giraban alrededor del chico hiena desplegando un aroma a sexo irresistible, sus lenguas lo envolvían y endulzaban con palabras dulces y suaves risas.
La presa había caído, y por su propia voluntad las dos serpientes flacas y estiradas se darían un festín con aquel infeliz. Que ni siquiera se había percatado de que seria devorado por aquellas arpías a las que se acerco por propia voluntad.
El cuadro me genero repugnancia así que mire hacia otra parte, mas precisamente a un muchacho de pelo encrespado y alborotado que actuaba como si la bohemia francesa se reencarnara en el. Su aspecto era chistoso, descuidado, aunque hubiera mucha preocupación en verse de tal modo. Hablaba con muchas pausas e intentaba darle un toque intelectual a sus palabras, incuria constantemente en temas artísticos y hacia constantes risotadas en momentos que no eran para tal reacción.
Este chico con aspecto de lunático, estaba muy lejos de serlo, era solo un nene de mamá universitario que se esforzaba para parecer distinto. Fue entonces cuando este hombrezuelo empezó a cambiar de color. Se tornaba rojo, verde, amarillo, azul su color dependía de con quien interactuaba.
En otro rincón de la habitación, sobre una mesa de vidrio, cuatro cerdos tomaban cocaína, bebían y comían a risotadas. La comida caía y chorreaba por entre sus piernas, a su alrededor su propio excrementó generaba moscas que revoloteaban por allí intentando pescar alguna sobra del banquete blanco de tales puercos.
Junto a la ventana unos mimos peleaban a los gritos, mientras que a su lado unos niños jugaban con soretes, revoleándolos de aquí para allá. Cerca de la puerta de entrada unas momias desfilaban por una pasarela, mostrando sus carnes podridas y sus vendajes maltrechos. Que eran observados por cuadros envidiosos que no podían borrar su falsa sonrisa ya impresa en su papel.
Consternado y abrumado por tal zoológico, que tenia enfrente, y del cual yo era parte. Me deje caer en un sillón, junto a un pescado y un gusano que me miraban mientras tomaban un whisky.
Levante la mirada hacia la ventana, y vi que por ella se colaban los primeros rayos de luz de la mañana. Volví a mirar la habitación, Todos los presentes habían recobrado su forma corporal humana, pero sus cabezas eran gigantes mascaras de cera. Que tenían una gran sonrisa y miradas alegres y compasivas.
Algo me enloquecía cual seria mi forma, me había pasado la noche descubriendo la forma real de esas personas. Pero no había visto la mía. Ellos ya se habían puesto sus sonrientes y aceptables mascaras, yo tendría puesta mi mascara. Me decidí a averiguarlo, así que tomando un espejo que había servido para alimentar el hambre de las fosas nasales en un tiempo no lejano, me dispuse a ver mi rostro o mi mascara antes de que se fuera lo poco de penumbra que quedaba.
Pero al poner mi cara frente al espejo lo que vi nunca lo espere, yo no tenia rostro, ni ojos, ni boca, ni nariz. Nada mi cara era lisa, sorprendido deje caer el espejo que se rompió contra el suelo.


FIN

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