La humedad cubría toda la tarde, la pesadez era más, de lo que alguna vez recuerdo en mi lejana patria. Ahora obligado al destierro, en esta miserable isla que despierta lo peor de mi triste persona. He descubierto que el destierro es la muerte en vida, yo acostumbrado al frió de mi nación, y ahora condenado a este calor lujurioso. Me resulta imposible mantener serena mi mente.
Afuera las morenas mujeres exponen sus carnes, zarandeándose al ritmo de los tamborileos. Los hombres nefastos, y pervertidos se dejan llenar la vista con sus cuerpos, llevando su mente hacia la aberración, la mas cruda violación carnal.
La caña llena sus venas y los enferma. En el aire se respira sexo, después de un tiempo un mugroso chico ensangrentado saldrá y vera el mundo con esa misma lujuria repitiendo, las conductas de sus padres.
Cuando llegue a esta isla, me fascinó esa sexualidad que hoy me enferma. Yo un extranjero desterrado por mis conductas inapropiadas, con respecto del poder de turno. No pude evitar, la bebida y con ella el deseo carnal que cubre a esta isla maldita. Poseí todos los cuerpos de este remoto país, con mis estudios, no tarde en posicionarme bien con respecto al poder político de la isla. Fue en ese momento cuando me di cuenta que podía disponer de quien quisiera, cuando yo quisiera. Primero intente disfrutarlo, pero con el tiempo la carne dejo de saciarme, la caña de apaciguarme y así me di cuenta de que me había convertido en lo que siempre había combatido en mi país. La corrupción, el narcotráfico y el disponer de la vida de los demás según le plazca al poderoso, en este caso a mi propia persona.
Los murillo, era una familia humilde y trabajadora. Jeferson, era el padre de la familia, un moreno de descendencia Angoleña que trabajaba vendiendo frutas en la feria del paseo costero. Guadalupe era su mujer, una negra mulata de robusta contextura, con poca cabeza pero muy egoísta y codiciosa. Inés era la mayor de sus hijos, una muchacha, que le gustaba el lujo, y por eso se la veía coquetear y pasearse con los turistas yankees que visitaban la isla. Y por ultimo el pequeño Luis que era un chiquillo grosero, que se la pasaba correteando por la feria.
No se diferenciaban mucho de la mayoría de los habitantes de la isla, pero por alguna razón que aun desconozco, serian parte de unos de mis abusos de poder. Cuando conocí al viejo Jeferson, yo era el máximo representante de un fondo inversor ruso, que poseía una cadena de hoteles de lujo y boliches que estaban diseminados por toda la isla. Éramos el principal sustento de la economía de aquel país, todos los negocios y entradas de inversiones se hacían a través de nosotros. Se podría decir que éramos los dueños de la isla. Pero como yo era el único miembro del grupo que vivía en la isla se podía decir que la isla era mía.
Un día paseándome por la feria, me crucé con el puesto de los Murillo, Allí estaba el lustroso negro agachado intentando reparar la débil estructura de madera, mientras el resto de su familia, no hacia nada para ayudarlo. Es más el pequeño saltuqueaba y gritaba a su lado, su mujer le reprochaba que era un inútil y que por eso eran pobres. Mientras que su hija, buscaba con la mirada a algún extranjero que pudiera saciar sus vicios y deseos de grandeza.
Me acerque al puesto, y le pregunte por su hija, la muchacha me miro entusiasmada, aunque algo desconcertada por que yo le hablaba al padre y no a ella. Le dije que poseía una mansión al otro lado de la isla y que necesitaba una familia que se mudara para allá, tanto para hacerme compañía como para trabajar en ella ya que yo solo no podía mantenerla en condiciones. Pero que era imperioso que vivieran allí por que si también era su casa, la trabajarían con conciencia y responsabilidad.
Jeferson, no tubo tiempo de contestarme, ya que su mujer y su hija dijeron de forma desesperada, que seria un gusto y que mañana mismo irían a mudarse.
Y así fue, al otro día los Murillo llegaron bien temprano. Los invite a pasar y le designe a cada uno su habitación, todas en la planta baja. Tienen prohibido subir, si me entero de que se han estado paseando por la planta alta sin mi autorización, se marchan y buscare a otros, les dije con voz enérgica.
Ya ubicada la simple familia, solo era cuestión de observar. Les di todos los lujos y divertimentos que yo poseía, y radicalmente estas personitas se fueron trasformando paso a paso. Guadalupe se llenaba de joyas, se vestía con ropa elegante y salía a la calle a hacer alarde de su fortuna y su esplendorosa vida.
Inés, la muchachita de aquella familia, había dejado de comportarse como una prostituta, para volverse la dama más refinada. Andaba por los campos hípicos diciendo que era mi sobrina y que prontamente se iría a estudiar a Paris.
Luis, por otra parte, seguía insaciable, ese chiquillo no tenia límite quería todo junto y al mismo tiempo. Igual note, que empezaba a tratar con soberbia a los amiguitos que invitaba a jugar a la casa.
La manera de actuar de ellos tres me parecía lógica, y me divertía mucho verlos cambiar sus actitudes. Pero la actitud de Jeferson me desconcertaba, el seguía cumpliendo su rutina. Todas las mañanas se levantaba e iba a la feria a abrir su puesto, no hacia alarde de la casa donde ahora vivía, ni utilizaba el dinero que yo le daba, sino que se lo daba a su mujer para que esta lo gastara en lo que quisiera.
Cuando le pregunte por que seguía llendo a trabajar a la feria, me contesto que la feria era su vida. Que desde que tenia 8 años trabajaba allí con su padre, y que no podía dejarla, ni quería hacerlo, ya que ese mugroso puesto era todo lo que había logrado, y no lo abandonaría por que a un ricachon loco se le había ocurrido, beneficiarlos con dinero por su simple capricho.
Recuerdo, que le dije, que con su empeño y mi dinero, podía llegar a tener el puesto mas vistoso y grande de toda la feria. Sus ojos brillaron, pero abruptamente bajo la mirada. Contestando: Si, claro que me gustaría pero en aquella feria todos somos pares, ningún puesto debe llamar la atención más que otro salvo, por su mercadería y por la atención a los compradores.
Que necio es este hombre pensé a mis adentros, y me marche, haciendo una reverencia. Por mi cabeza, Jeferson se había vuelto una obsesión, tenia que poder corromperlo como a los otros. Pero como si es tan orgulloso de si mismo. Entonces me decidí en demostrarle a ese hombrezuelo, que tenía el poder para devastar su moral, destruyendo ese orgullo, el entraría en el círculo de codicia en el que ya estaba inmersa el resto de la familia.
No tarde mucho en averiguar que la corpulenta Guadalupe le era infiel a su marido. Esta tenía un amorío con su instructor de tenis. Tampoco fue mucho trabajo, hacer caer a la torpe y egoísta mujer en mi trampa. Pero Jeferson, ni siquiera grito, ni se encolerizo con la noticia del adulterio. Yo le decía hombre pero no tienes porque soportar tal cosa si tú quieres, ya mismo la hago echar de la propiedad. Pero el contestaba no señor, no hace falta Lupe siempre tuvo amantes, solo que antes no los encontraba en pleno acto como ahora. Pero ella así es feliz, además yo se que mi negrita jamás me dejaría. Por que aunque tenga sexo con otros, el único hombre por el que tiene un cierto afecto es por mi, los demás son solo carne. Siempre ha sido así, con este calor no se puede esperar otra cosa.
Entonces enfurecido, le grite, tu debes dejarla a ella y buscarte otra. Yo puedo presentarte a las mujeres más finas y poderosas. Pero me contesto: Pero que voy a hacer yo, con una mujer así, yo soy casi analfabeta. Además quiero mucho a mi Lupe, como para enojarme por algo así. Si me engaña, es porque no tengo la capacidad de calmar su lujuria, no por que no me quiera.
Lamentablemente para Jeferson, yo no estaba dispuesto a rendirme, sus reacciones me irritaban de tal forma que ya no solo quería enviciarlo, sino destruirlo, arrastrándolo a lo mas bajo. El mostrarle el adulterio de su mujer, no había funcionado. Así que mande a destruir su puesto en la feria. Ahí si pude verlo enojado, pero este canalizo su ira en reconstruirlo, y no en descargarse con su familia o con su entorno. Le dije que había hecho averiguaciones, y los que habían destruido su puesto, eran los otros puesteros, a los que el había llamado pares, por la envidia e ira que les provocaba que el viviera en una mansión lujosa.
No le dio mayor importancia a mis palabras y siguió intentando reconstruir su puesto, Su mujer le compro un puesto nuevo, y el volvió a recuperar la sonrisa, pero ahora con mas fuerza, ya que su mujer que nunca lo había apoyado, ahora se mostraba piadosa y compasiva con su marido. Quizás porque había sido descubierta montada sobre el cuerpo de otro, pero para aquel hombre era una muestra de afecto.
Como puede ser tan imbecil, me repetía, casi enfurecido, y a mis adentros me decía voy a destruirte Jeferson Murillo.
Decidí llevar a Inés, la hija de aquel desgraciado, a una fiesta aristocrática en uno de los hoteles del grupo inversor. Guadalupe estaba encantada, e incluso dijo que le encantaría asistir, tanta gente refinada, que envidia hija. Si agregué seguramente allí Inés podrá quizás encontrar alguien que le posibilite entrar en el mundo de los negocios.
Una vez allí me junte con un viejo amigo, que manejaba una de las redes de prostitucion más grande de latino américa. Le dije aquella es Inés quizás te sirva, el agrego habría que hacerle algunos retoques, pero creo que puedo venderla a algún jeque árabe. Hoy las morenas corpulentas están bien cotizadas.
El dinero no me importa, solo la quiero lejos de acá, otra cosa, que no se sienta importante sino mas bien miserable. Si es posible véndesela a algún patán. Conteste.
Entonces le presente, a mi amigo Ricardo. Inés querida, el es mi amigo y necesita una chica de confianza que valla a trabajar a Paris con el. La muchacha me miro emocionada, y me abrazo en señal de alegría, no me agradezcas le dije te lo has ganado, solo no me defraudes. Lo único te vas hoy mismo no tienes tiempo de despedirte, ya que Ricardo esta muy ocupado, y se va ahora mismo.
La muchacha me miro desconcertada pero acepto. Dale un saludo a mis padres, de mi parte quieres, me dijo con una sonrisa en su cara. Claro, tú no te preocupes. Conteste.
Esa noche, llegue solo a la casa, Guadalupe me estaba esperando para saber detalles de la fiesta. Y su cara de desconcierto me causo mucha gracia, que obviamente intente disimular. Me pregunto por Inés, y le dije se quedo en la fiesta, estaba coqueteando con un diplomático Francés muy respetable. Lo cual le devolvió la sonrisa a la interesada madre.
Los días pasaron, pero Inés nunca llamo. Guadalupe quedo desbastada con el hecho, se dedico a la bebida y a la cocaína que yo le abastecía. Pero Jeferson, con la desaparición de su hija, se enfoco más en el trabajo, y cuando le preguntaba o daba alguna noticia de mi supuesta búsqueda de aquel diplomático, que no existía. El decía por algo dios hace las cosas. Si mi hija se fugo con un hombre, debe ser por que así ella lo quiso.
Ese hombre no se quebraba, que mas debía hacer para quebrarlo, nunca pensé que una persona así fuera tan resistente a la mugre de la vida. Pero aun me quedaba una cosa mas por hacer, la cual me aberrada pero por otro lado me traería tranquilidad, ya que al pequeño Luis Murillo, nunca lo soporte, era demasiado inquieto y grosero para mi gusto. El chiquillo ya a esa altura era un ser despreciable, el poder del dinero lo había convertido en una maquina caprichosa y egocéntrica, que disfrutaba disponer de los demás.
Era mi último golpe, mande a que lo arroyaran con un coche a la salida del colegio. Así fue el joven Luis fue envestido por una camioneta, y su cuerpo sin vida quedo tirado en medio de la calle.
El hecho tuvo un desarrollo esperable, Guadalupe ya más alcohólica y cocainómana que nunca decidió suicidarse. Aquejada por las desgracias que yo genere.
Cuando me encontré con el desgraciado Jeferson, lo vi tirado en el piso, con la cara cubierta de lágrimas. Pensé, al fin quebré y destruí a este hombre. Pero no me sentía reconfortado, porque al verlo llorar, me di cuenta de que había llegado demasiado lejos con mi aburrimiento. Me quise acercar a el pero este comenzó a gritar, No te acerques. Estoy maldito, yo he matado a mi familia, no la supe manejar, no los supe contener. Ni la muerte es tan terrible, perdí todo y lo que mas me duele es que haya sido usted el que les dio una sonrisa, con su dinero y no yo con mi trabajo y esfuerzo. He sido un pésimo jefe de familia, y por eso me ocurren estas cosas no soy digno de su buen corazón. Así que no intente detenerme, me marcho para no volver.
Y esa fue la última vez que tuve contacto, con Jeferson Murillo, al hombre que asesine por simple diversión, y abuso de mí poder.
Desde ese día no pude volver a dormir y por más que me lave y bañe mil veces estoy y estaré sucio por siempre. Por que soy la mugre de cuatro almas que destruí y aniquile.
Fin
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