martes, 21 de julio de 2009

Mujer Oscura

Reunión con amigos, gran ingesta de comida, algún que otra sustancia etílica, es suficiente para cerrar una buena noche. Pero aquella vez el sueño no fue reparador, sino más bien dejo una sensación extraña.
Después de aquel agasajo en la casa de la playa me acosté a dormir cansado por toda la actividad del día y de la cena. Pero a eso de la mitad de la noche, me desperté en la oscuridad afuera se escuchaba el rechinar del viento del sur patagónico, junto a una soledad tan envolvente que parecía que solo existía yo y el universo, como sustancia o entidad.
Fue en esa oscuridad donde de pronto se dibujo una silueta que fue tomando forma de mujer. Esta persona se confundía con el negro de la penumbra, ya que solo se veía con claridad su pálida piel. Su cabello era largo, lacio y extremadamente oscuro, al igual que su largo vestido que la cubría en su totalidad, excepto por las manos que con un blanco lechoso, reposaban a los costados de su cuerpo. Su rostro igualmente blancuzco permanecía inexpresivo, mientras me miraba con unos fríos ojos de color amarillo. Sus labios eran negros, en una boca pequeña y cuasi perfecta.
Estaba tan sorprendido que por más que quería gritar no podía, intente cerrar los ojos para ver si aquella imagen desaparecía, pero no pude cerrarlos. Note que no parpadeaba, y que no podía mover ninguna parte de mi cuerpo, ni siquiera un dedo. No puedo decir con seguridad si me había invadido el pánico o no, ya que por dentro sentía una gran calma al observar a aquella estática mujer tenebrosa.
Aunque si conocí el terror, cuando esta dama de negro, empezó a acercárseme con esos ojos que ardían en fuego. No caminaba sino que parecía flotar, su vestido arrastraba como una especie de cola, de negra tela, que cortaba el aire a su paso. Yo luchaba por zafarme o huir pero algún tipo de embrujo me retenía. Ese rostro helado me despertaba calor, al mismo tiempo que miedo, me trasmitía seguridad o una extraña sensación de placer. No sé bien que es lo que era.
En un momento, quedaron nuestros rostros enfrentados y aquella demoniaca mujer me beso. Después de aquel beso, ya era de día y yo estaba en mi cama. Todo había sido una pesadilla aunque lo extraño es que no había despertado sobresaltado aquella mañana sino con una gran sensación de pasividad.

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