Era una fría mañana de julio, la bruma cubría todo el frente de batalla, no se veía nada. El silencio era tan fuerte que se podía ver la tensión de mis compañeros del pelotón. Rodríguez estaba expectante de algún movimiento o ruido en el frente enemigo. Sánchez y Bustamante estaban nerviosos ya que veían como el cabo Camargo empezaba a quedar inconsciente por el frio que le cubría los huesos. Sin duda a Camargo lo estaba llamando la muerte.
Cuando nos encomendaron para ir al frente de batalla, en aquellas lejanas islas, sabíamos que la muerte era una posibilidad. Pero pensábamos que sería por alguna bala enemiga y no por hambre y frio. Luego de ver como claudicaba Camargo ante la desidia de su propio destino. Mire mis botas, rotas y sucias, y no pude evitar pensar que hacía días que no sentía mis pies.
Las personas describen al infierno como algo no humano que está debajo de la tierra y donde hay mucho fuego. Sin embargo puedo decir que eso es mentira, el infierno es frio, humano y está en la superficie con el disfraz de la guerra.
Las batallas pueden durar apenas unos minutos, pero estos serán eternos. El estruendo de los rifles de asalto retumbará por horas en el silencio de la soledad y la muerte. Caerán compañeros pero no hay tiempo para rezar o preocuparse, solo hay que intentar sobrevivir mientras se cumple con su deber.
Del otro lado del frente de batalla la historia seguramente es parecida. Ya que por más de que los ingleses tengan mejor equipamiento, eso no te asegura que no te tocara bailar el vals de la agonía y la desesperación que antecede a una batalla en las barracas.
De pronto en ese silencio de la mañana se escucharon unos motores, eran aviones. Nos tiramos cuerpo a tierra intentando cubrimos, los muy desgraciados pensaban bombardear a ciegas. Bustamante en un rapto de locura se puso de pie y empezó a gritar mientras habría fuego en todas direcciones. Ese arrebato solo duro un instante, ya que cayó muerto por un disparó enemigo que atino en el blanco.
Seguidamente se empezaron a escuchar detonaciones de bombas que caían desde el cielo, hasta que solo pude sentir un crudo frio que corría por mi sangre. Había llegado el final y no tenía nada para decir, solo llorar por aquella juventud robada.
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